ENFRENTA EL MIEDO

ENFRENTA EL MIEDO

Tod@s hemos sentido miedo, al menos una vez en la vida. Hemos sentido esa sensación intensa y paralizante unas veces y de huida otras.

Pero ¿qué es, realmente, el miedo?

El miedo es una emoción primaria, presente en todos los animales y relacionada con la ansiedad. Una emoción, como todas las emociones, adaptativa frente a la percepción de un peligro real o imaginario, presente, futuro o pasado. Y como todas las emociones primarias, beneficiosa y necesaria para la supervivencia. Sin el miedo podríamos enfrentarnos a peligros reales sin medir las consecuencias.

Existen los miedos universales: físicos, como el miedo a los ruidos fuertes y repentinos, como los de las explosiones, a las alturas. O emocionales, como el miedo al abandono, al ridículo o a lo desconocido, a la muerte.

El miedo tiene unos efectos en nuestro cuerpo y en nuestro comportamiento.

El miedo produce cambios fisiológicos: ante la percepción de un peligro se acelera el metabolismo, se incrementa la producción de cortisol, con lo que también lo hacen la presión arterial, la glucosa en sangre y los glóbulos blancos, aumenta la tensión muscular, el calcio libre en sangre y la adrenalina. Disminuye la actividad en el estómago e intestinos, se intensifica la producción de lágrimas y saliva, se da una visión en túnel y se reduce la audición.

Cuando sentimos miedo se producen, también, cambios corporales: los ojos se abren para ampliar el campo visual y tener mayor sensibilidad para ver la amenaza con mayor claridad, con lo que cambia la expresión facial.

Vemos alterada nuestra percepción, convirtiendo el objeto de nuestro miedo en algo más grande de lo que es y más próximo de lo que está. Cuanto más se acerca el objeto, más potente es la distorsión.

El miedo ha sido utilizado a lo largo de la historia para manipular y controlar y, aún hoy, sigue siendo así.

Nuestro mundo, nuestro entorno, ha ido evolucionando mucho más rápido que nuestra mente y nuestras emociones. Con lo cual, podemos llegar a percibir ciertas sensaciones corporales inofensivas como amenazas que no son tales. Esto se da de una manera exagerada e irracional en los ataques de pánico que sufren algunas personas.

¿Qué podemos hacer, entonces, ante el miedo? ¿Cómo impedir ser controlad@s por el miedo?

  1. El primer paso es aceptar que tienes miedo. No trates de negarlo, ni ocultarlo.

  2. Observa tu miedo sin juicios: qué ocurre en tu cuerpo, cuándo ocurre, qué piensas entonces, qué te dice tu miedo. Concreta a qué tienes miedo.

  3. Pregúntate: ¿ese miedo es real?, ¿es real el riesgo? ¿qué es lo peor que puede ocurrir? ¿qué probabilidad hay de que ocurra? (valora esa probabilidad del 0 al 10) ¿qué efectos puede tener? (valora el daño del 0 al 10). Multiplica la probabilidad por el posible daño, te dará el verdadero valor del riesgo.

  4. Sigue preguntándote: ¿qué puedo hacer para reducir la probabilidad de que ocurra? ¿qué puedo hacer para minimizar el daño? Multiplica nuevamente. Si el nuevo valor se ha reducido a 50 o menos, hazlo, atrévete.

  5. Si el nuevo valor es mayor de 50, pregúntate ¿qué beneficio puedo obtener de hacerlo, aunque sea con miedo? Dale un valor para ti al beneficio del 0 al 10. Multiplica la probabilidad de que ocurra por el beneficio.

  6. Ahora compara el valor del riesgo con el valor del beneficio. ¿Cuál es mayor? Si es mayor el beneficio, hazlo, atrévete.

  7. Visualiza el momento en el que lo estás haciendo y todo va bien. Concéntrate en lo que sientes, fíjate bien dónde lo sientes, cómo es eso que sientes, qué piensas en ese momento, qué oyes, qué ves, qué es lo que más llama tu atención. Vas a llevarte un regalo de este momento, cualquier cosa, sonido, sensación que quieras llevarte de aquí. Va a ser lo que te va a acompañar en tu camino al éxito, como un anclaje. Tu salvavidas en los momentos de tempestad.

  8. Cada vez que te asalte la ansiedad o el temor, concéntrate en tu respiración y en el anclaje. Verás reducir sus niveles y te ayudará a conectar con tu objetivo y el presente.

Y este puede ser tu método para superar y vencer al miedo.

Como dijo Alejandro Jodorowsky, “tu miedo termina cuando tu mente se da cuenta de que es ella la que crea ese miedo”.

Y ahora haz que tu mente cree el camino, no el fantasma.

Si quieres profundizar algo más te recomiendo el micro taller «Superar el miedo»

Micro taller Superar el Miedo
SUPÉRATE EN CINCO PASOS

SUPÉRATE EN CINCO PASOS

En los últimos años se oye hablar mucho del desarrollo personal, también llamado crecimiento personal, desarrollo humano, superación personal…

A todos nos gusta superarnos, pero la mayoría de las veces lo hacemos tomando a otros como referencia, es decir, haciendo eso mismo que nos enseñaron a hacer desde nuestra más temprana infancia.

Con lo cual, no entramos en un proceso gratificante de descubrimiento, mejora y satisfacción personal, sino en una lucha competitiva y dolorosa por ser más y mejor que otro. Es como si en medio de una carrera en lugar de tener tu mirada en la meta o en el siguiente tramo de la pista, la tuvieras puesta en el que corre por delante de ti, al lado o, incluso, por detrás. Como si, en vez de estar dosificando tu esfuerzo, estuvieras esperando la mueca de sufrimiento del oponente o deseando ver aumentar sus pulsaciones al límite. Y no es extraño si consideramos que en nuestros primeros años nos midieron por notas, nos valoraron por objetivos y nos enseñaron a golpe de temario curricular y siempre bajo la impronta del “sois la peor clase”, “si te esforzaras como tus compañer@s…”, “pues a tu amig@ sí le da la nota para estudiar ingeniería” y otras frases lapidarias y lapidadoras.

Y así has llegado aquí, con tus excesos y tus defectos… ¿con respecto a qué?

Si, como yo, crees que no se trata de competir contra otr@s, sino de competir a favor de ti mism@ este artículo está pensado para ti. Y está pensado para ti porque se trata de un programa para superarte en cinco sencillos pasos, que no por sencillos serán fáciles ni rápidos.

¿Te apuntas al reto?

Paso 1. Hacerte plenamente consciente de tu lenguaje.

Se trata de estar especialmente atent@ a tus palabras. Cada vez que digas algo importante o trascendental, algo que tenga un valor para ti o para los demás, reflexiona lo siguiente: ¿para qué lo dices? ¿con qué intención lo dices? ¿qué efecto pretendes conseguir en el/la de enfrente? ¿puedes conseguir el mismo efecto con otras palabras?. Puede parecerte algo forzado o excesivo, pero a medida que lo practiques aprenderás aspectos muy interesantes sobre ti y sobre tus necesidades y creencias.

Paso 2. No hablar de otras personas con respecto a ti, sino de ti con respecto a ellas.

De esta manera estamos manteniendo toda nuestra responsabilidad y poder sobre lo que pensamos, sentimos, decimos o hacemos. No se trata de lo que los demás nos hacen, sino de cómo interpretamos y vivimos lo que los demás hacen. Por ejemplo, ante la frase “Carlos siempre llega tarde”, puedo reformularla como “Me molesta que Carlos llegue tarde porque lo interpreto como una falta de respeto hacia mi persona” e, incluso, puedo profundizar algo más en mí mism@ “Dado que yo no me respeto lo suficiente, siento que dependo del respeto que me dan los demás, por eso me molesta cuando Carlos llega tarde y no me siento respetada por él”. Y de aquí puedo ir más allá, llegando a tomar una iniciativa de cambio “Quiero empezar a respetarme más, así que le voy a decir a Carlos que la próxima vez que llegue tarde, tendrá que venir a buscarme porque yo no le voy a esperar más”. Como puedes ver, un simple cambio de posición puede darte un margen de libertad para encontrar soluciones y salidas hasta ahora insospechadas para ti.

Paso 3. Comenzar a percibir las situaciones desde un nivel puramente descriptivo, sin suposiciones, ni juicios.

Y te preguntarás en qué consiste la diferencia entre los tres. Pues bien, un juicio sería una frase del tipo “eres un mentiroso”. Una suposición sería algo así como “esto que me estás contando es una mentira como la del otro día”. Mientras que una afirmación meramente descriptiva sería “desde mi punto de vista no me estás proporcionando los suficientes datos como para creer que me dices la verdad”. Adoptar una visión descriptiva u objetiva de los acontecimientos y las personas te enseñará a desdramatizar y relativizar de una manera inteligente y a dejar de reforzar creencias limitadoras.

Paso 4. Analizar aquello que me molesta en los demás reflexionando sobre dónde está eso mismo en mí, bien sea por exceso o por defecto.

Los demás son un mero espejo de nosotr@s mism@s. Por ejemplo: «me molesta que mi pareja no pase más tiempo conmigo y se dedique a otras cosas, como quedar con amigos o salir a correr». Si reflexiono y profundizo en mí, me daré cuenta de que yo priorizo totalmente a mi pareja y me olvido o prescindo de todo lo demás. No reservo tiempo para mí mism@, ni mis aficiones o relaciones. Dependo en exceso de mi pareja, por eso me molesta que ella no dependa de mí. Esta práctica es una buena manera de conocerte a través de las relaciones interpersonales

Paso 5. Tratar de realizar un cambio de perspectiva, es decir, buscar, al menos, otra explicación posible a cada hecho o situación.

Por ejemplo, imagínate la situación siguiente: El otro día comentaste con María que te apetecía ir un día de estos al cine, habéis quedado hoy y, de repente, ha aparecido con su amiga Marta que sabe que te cae fatal. A ti te dan ganas de marcharte y dejarla con su amiga. Sin embargo, cabe una explicación diferente al mismo hecho: tu amiga María se ha visto en el compromiso de quedar con Marta y no se ha atrevido a decirte nada para no fastidiar tus planes. E, incluso, hay otra explicación posible: tu amiga María se ha encontrado cuando iba al cine con Marta y ésta se ha unido al plan sin que María haya sabido evitarlo. Y aún hay otra explicación: María no sabe que Marta te desagrade tanto como para no poder ni ir al cine con ella. Seguramente, habría muchas más explicaciones posibles. Esta búsqueda de explicaciones alternativas a un mismo hecho ampliará tu campo de visión y te hará una persona más abierta a las posibilidades y con más recursos.

Estos cinco sencillos pasos que parecen tan obvios, pueden ser grandes herramientas de desarrollo personal si las pones en práctica.

¿Aceptas el reto?

Si quieres profundizar algo más te recomiendo el microtaller «¿Crítica u Opinión?»

¿Crítica u Opinión?
CÓMO LIBERARTE DE UNA RELACIÓN TÓXICA

CÓMO LIBERARTE DE UNA RELACIÓN TÓXICA

Como dije en mi anterior post, una cosa es saber reconocer una relación tóxica y otra, bien distinta, poder desengancharte de ella.

Y digo desengancharte porque es como una droga que sabes que te está matando, y de la que no eres capaz de prescindir. De hecho, el proceso de ruptura y alejamiento de la relación es lo más parecido a un síndrome de abstinencia o “mono”.

Lo que te voy a proponer aquí no es una receta infalible, pero es lo más aproximado a ella si pones tú el ingrediente principal que es tu voluntad.
¿List@ para soltar amarras?

Toma la decisión y prepárate para el camino.

Cree que, de verdad, estás preparad@ para alejarte y que es lo mejor que puedes hacer por ti. Entiende que nada de lo que hagas y pongas de tu parte va a cambiar la situación en esta relación. Valora si es el mejor momento para cortar el hilo. Pregúntate: ¿estoy dispuest@ a seguir con esta relación, tal y como es, toda la vida? ¿Soy feliz en esta relación o infeliz? ¿Es éste el prototipo de relación que quiero mantener? ¿Quiero seguir esperando un mejor momento?

Motívate para el cambio.

¿Para qué quiero romper? ¿Qué es lo que no me gusta de esta relación? ¿Qué me estoy perdiendo con esta relación? ¿Qué me pasará a mí y a mi entorno si sigo con esta relación? ¿Cómo mejorará mi vida si la dejo? Haz una lista de razones por las que quieres alejarte de esta relación.

Elige una fecha concreta para poner fin a la relación.

Es importante que esa fecha no esté a más de una semana o dos de distancia. Si la pospones demasiado o no te marcas fecha, nunca encontrarás el momento ideal.

Conoce mejor tu “modus operandi” ante tu pareja.

Probablemente, ya te has planteado otras veces la ruptura, incluso has dado un primer paso, pero no has sido capaz de mantenerte en firme, has flaqueado y has vuelto. ¿Cuáles son los desencadenantes que te han hecho volver a la relación? ¿Cómo puedes evitar o podrías haber evitado esos desencadenantes? Haz una lista con actividades y maneras de evitar esos desencadenantes cuando ocurran.

Asocia este reto a otro reto motivador de aprendizaje/mejora

Por ejemplo, estudio, dieta… Los logros de uno, te motivarán para el otro.

Prepárate para pasar un síndrome de abstinencia que durará de unos días a unas pocas semanas.

Sé consciente de que te sentirás deprimid@, con dificultad para conciliar el sueño, irritable, ansios@, con dificultad para pensar claramente, apátic@, con fuertes deseos de ponerte en contacto con tu expareja, añorando el pasado como si te faltara algo vital… Recuerda siempre que, por intenso que esto sea, es temporal.

Busca aliados para este tiempo.

No se trata de que te ayuden, sino de que te apoyen. Nadie puede hacerlo por ti, pero puedes hacerlo con alguien.

Limpia todo de recuerdos cuanto antes.

Aparta de tu vista fotos, discos, objetos, joyas, perfumes…todo lo que te evoque a la persona con la que quieres romper lazos. Tal vez no sea el momento de tirar, pero sí de apartar. Esta limpieza también incluye no visitar lugares en los que tengamos buenos recuerdos, ni pensar en las cosas buenas, ni releer cartas o mensajes…

Evita todo contacto con tu expareja.

Esta es una decisión que tendrás que tomar cada día y experimentarla como una pequeña victoria que te llevará a una gran victoria. Ganarás autoestima, confianza y madurez. Prémiate cada día que pases sin comunicarte con él/ella.

Repite como un mantra cada vez que te sientas flaquear:

“Soy muy fuerte y puedo con esto” “Me mantengo firme en mi decisión y no me defraudaré a mí mism@”

Dedícate a hacer cosas divertidas.

Deporte, practicar algo que te guste y eleve tu vibración, rodearte de personas positivas a las que quieres y con las que te sientes a gusto. Tampoco te vendría mal aprender algo nuevo que establezca nuevas conexiones neuronales. Porque el proceso va a ser duro y te va a doler y, seguramente, estarás triste, ansios@, desganad@…

Contrarresta los efectos de la abstinencia que te va a suponer el contacto cero.

El amor genera dopamina y oxitocina en nuestro cerebro, por lo que sería interesante encontrar maneras de generar estos dos neurotransmisores de otras maneras:

  • Alimentos: almendras, aguacates, plátano, chocolate, café, té verde, sandía.
  • Hábitos: tareas que involucren tu creatividad, tu entusiasmo y tu interés, dar regalos, tener detalles con las personas, hacer deporte (caminar, correr, nadar…), escuchar música alegre que te guste.
  • Complementos alimenticios: cúrcuma, Ginkgo biloba
  • Meditación o Mindfulness
  • Especias: tomillo, perejil, hierbabuena, eneldo, romero
  • Relaciones: abrazos, caricias, palabras de cariño y ánimo

Márcate un plan estratégico con todo lo anterior:

  • Fecha de inicio
  • ¿Qué harás cada vez que estés tentad@ a ponerte en contacto con él/ella?
  • ¿En qué personas te vas a apoyar? ¿Con quiénes vas a contar?
  • ¿Qué día y a qué hora vas a hacer tu limpieza de recuerdos? ¿Cómo te vas a premiar por hacerlo?
  • ¿Qué otro reto vas a asociar a este?
  • ¿Qué actividades vas a hacer para estar bien? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Con quién?
  • ¿Qué hábitos vas a introducir en tu vida?
  • ¿Cómo te vas a premiar cada día que pase sin él/ella? ¿Y cómo vas a celebrar o premiar tu reto final?

Y estos, junto con tu voluntad, son los ingredientes para una nueva vida lejos de tu expareja tóxica.

Es decir, para volver a vivir. Ánimo!

CÓMO RECONOCER UNA RELACIÓN TÓXICA

CÓMO RECONOCER UNA RELACIÓN TÓXICA

 

Hay muchas maneras de entender el amor y muchas maneras de encontrarlo, tantas como personas.

Es difícil buscar razones a porqué te enamoras de alguien, más que nada porque el amor no es cuestión de lógica, ni de razonamiento, sino de sentimientos.  Aunque, cuando estás enamorad@, cedas el control de tu vida al corazón y estés dispuest@ a grandes entregas a la persona que amas…

No debes olvidar que el miembro más importante de la relación para ti debes ser tú.

Muchas veces, esa relación amorosa transcurre de manera fluida, lo que es natural, otras, sin embargo, comienzan los problemas, las dificultades, convirtiéndose en una trampa de la que no es posible salir. Sufres en la relación, pero no te sientes con fuerza ni capacidad para salir de ella. Y ahí estás tú, en un “ni contigo, ni sin ti”, en un bucle que merma tu autoestima, que te agota física y mentalmente.

¿Sabes cómo se llama eso? Se llama relación tóxica.¿Quieres vivir en una relación tóxica?

Imagino que no, pero el primer paso para evitar o salir de una relación de este tipo es reconocerla a tiempo. Y digo a tiempo porque, cuanto más prolongues la relación tóxica, más difícil te va a resultar ver con claridad y romper las fibras de la telaraña que te mantienen enganchad@ a ella.

Por ello te indico unos cuantos indicios para averiguar si la relación de pareja que mantienes es una de estas:

  • En cuanto al comportamiento de tu pareja:
    1. Se muestra celos@ sin motivo.
    2. Es poco transparente y muy reservad@ con su vida, mantiene secretos contigo, pero quiere saberlo todo sobre ti.
    3. Es quien marca el ritmo y las condiciones de la relación.
    4. Nunca pide perdón y, si lo hace, te culpa a ti de su reacción.
    5. Te separa de los demás (familia, amigos…) de una manera sutil.
    6. Te pide bastante más de lo que da o lo que está dispuest@ a dar.
    7. Te insulta y falta al respeto con palabras y/o actitudes.
    8. No te valora.
    9. Provoca discusiones y te hace creer que eres tú el/la conflictiv@
    10. Es difícil mantener un diálogo constructivo con él/ella, bien porque se pone a la defensiva o porque responde con evasivas.
    11. Incumple reiteradamente sus promesas.
    12. Acostumbra a mentirte o utiliza medias verdades, puede que les llame mentiras piadosas para justificarlas.
    13. Toma decisiones unilaterales y las justifica diciendo que son por tu bien.
    14. Te pone en situaciones límite.
    15. Hay demasiadas carencias, necesidades y apegos en, al menos, uno de los miembros.
  • En cuanto a tu percepción o sentimientos dentro de la relación: 
    1. Sientes que no puedes mostrarte tal y como eres, no puedes expresar tus necesidades.
    2. Te sientes nervios@ y/o triste.
    3. Tú vida es más complicada que antes de la relación.
    4. Piensas que tu pareja no se preocupa por tus cosas ni por tus sentimientos.
    5. Te sientes como una opción, en vez de como una prioridad.
    6. Piensas que la relación gira en torno a él/ella.
    7. Te sientes confus@ en cuanto al tipo de relación que mantenéis (amigos, pareja, amantes…)

Ahora ya tienes información para, al menos, cuestionarte si tu relación de pareja pertenece o no al grupo de relaciones tóxicas, pero sin descartar la posibilidad de que tú seas quien está aportando esa toxicidad, que nunca viene mal un poco de autocrítica.

En la próxima entrada de mi blog, trataremos cómo desprenderte de una relación tóxica.

Y recuerda siempre que la única relación indispensable es la que mantienes contigo.

Si deseas profundizar más en el tema, te recomiendo el microtaller No Más Relaciones Tóxicas.

NO MÁS RELACIONES TÓXICAS
El HOMBRE DE LA MÁSCARA

El HOMBRE DE LA MÁSCARA

Dicen que en un lejano país existió un hombre conocido por su máscara.

Era una máscara vistosa, formada por trozos de metal, de cuero, joyas, esmaltes, tela, madera…Pero lejos de ser un amasijo de materiales diferentes e incompatibles entre ellos, era una bella máscara, la más bella máscara que nunca se ha visto.

En realidad, los materiales que integraban la máscara habían sido proporcionados por diferentes personas: amigos, familiares, compañeros, vecinos, amores, maestros…que habían ido aportando el pequeño trozo que les parecía mejor. Ellos se sentían orgullosos de haber podido contribuir a la pequeña obra de arte y el hombre se complacía de ir embelleciendo su original máscara.

El hombre fue creciendo con la máscara que, a su vez, también fue creciendo con la colaboración de todos. Y tan satisfecho y feliz vivía con su máscara que hasta dormir hacía con ella. La gente le saludaba por la calle al reconocerle, los niños corrían alrededor encantados por su aspecto, los hombres le envidiaban y las mujeres lo admiraban.

Pero ocurrió que un día hubo una epidemia de varicela. El hombre sintió fuertes picores en su cuerpo y en su cara. Desazonado por las ampollas, fue a retirarse la máscara, pero ésta se había pegado a su piel de tal manera que a cada tirón el dolor era tan intenso que no le quedó otro remedio que acudir al médico para que le ayudara a retirarse la máscara. El médico intentó hacerlo de manera que no dañara la piel del hombre, pero estaba tan fundida a ésta que no fue posible arrancar la máscara sin llevarse también trozos de piel.

La máscara quedó destruida, desmontada trozo a trozo, en el intento de arrancarla del rostro del hombre.

Fueron necesarios varios meses para que la piel creciera recubriendo las heridas y cicatrices y muchos meses más para que el hombre aprendiera su nueva cara frente al espejo. Pero lo que más tiempo le llevó fue asumir que muchos ya no le reconocieran y que otros muchos no quisieran ni reconocerle. Se había convertido en una persona más, sin adornos. La gente ya no le admiraba, los niños ya no corrían en torno a él. Era un hombre normal, un perfecto anónimo.

Lloró muchas noches sintiéndose solo, amargado por su desgracia. Había perdido su máscara. Lo había perdido todo con su máscara: su imagen, su prestigio, su popularidad, su singularidad. Ya nadie podía reconocer su pequeña aportación en el rostro del hombre porque todo lo que tenía en él era su piel, su propia piel.

Un día, sentado en la orilla del río llorando, mirando el reflejo de su rostro deformado por la corriente, sintió una mano en su hombro y, al girarse, una cara amable de joven sonriente le preguntó:

-Hombre, ¿por qué lloras?

Él le respondió:

-Porque he perdido mi máscara y ya nadie me admira, ya no soy importante para ellos.

La joven secó una lágrima con sus dedos y le dijo:

-¿Puedes sentir esto?

El hombre, sorprendido, respondió:

-Sí. Claro que puedo sentirlo.

La mujer le besó suavemente en la mejilla:

-¿Y esto?

El hombre, más sorprendido aún, respondió casi tartamudeando:

-Sí, puedo sentirlo. También puedo sentirlo.

La mujer continuó:

-Quizás tu rostro no sea tan llamativo ahora, pero es un rostro que siente y que se deja sentir.

-Ahora puedes ser tú, de una pieza, sin fragmentos puestos por otros. Sólo tienes que darte a conocer tal y como eres ahora, quien te acepte, te aceptará a ti, no a tu máscara, y quien te quiera, podrá besar y acariciar tu verdadera piel.

Cuentan que nunca más se supo del hombre de la máscara, pero que en aquel lejano país apareció un hombre sabio que enseñó a las personas a crecer sin complejos y a descubrirse y mostrarse en su propia piel. Quizás por eso fue llamado desde entonces “el país de la gente feliz”.

Y tú, ¿prefieres tu “máscara” o tu “piel”?

¿Permites que los demás te vayan construyendo tu “máscara”?

¿Dónde y con quiénes muestras tu “máscara”?

¿Dónde y con quiénes muestras tu “piel”?

¿Qué vas a hacer por fortalecer y mostrar tu “piel” esta semana?

Recuerda siempre que, a fuerza de tratar de responder a la imagen que los demás piden de nosotros, podemos acabar por no saber quiénes, realmente, somos.

Si necesitas profundizar algo más en ti, te recomiendo el microtaller:

Aceptarme Para Amarme

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QUE NO TE VENDAN SUEÑOS

Llevamos muchos años oyendo hablar de los efectos del estrés en la vida de las personas y de sus causas, que son muchas y conocidas: motivos laborales, ambientales, relaciones personales, actitud negativa o perfeccionista ante los acontecimientos, una pérdida o cambios sustanciales en la vida…

Sin ser una experta en el tema, me atrevería a apuntar a un nuevo fenómeno social que causa grandes niveles de estrés en las personas: los vendedores de sueños.

Creo que es importante que sepas de su existencia y estés prevenido/a. Generalmente actúan disfrazados/as de personas exitosas y felices, aprovechan cualquier conversación para soltar su discurso y se sienten especialmente atraídos/as por las personas más vulnerables. Las puedes encontrar en las redes sociales, en You Tube o en cualquier evento que haya en tu ciudad donde se concentre un cierto número de seres humanos predispuestos a escuchar su canto de sirenas.

Llegados a este punto, no quiero que confundas mi mensaje. No trato de lanzar una bomba incendiaria contra todos aquellos que trabajan por animar a los demás a alcanzar sus metas, sea de una manera profesional o altruista, ni de hacer un alegato en contra de la ilusión, del esfuerzo o de la importancia de soñar y mantener vivos los sueños.

Lo que intento es abrir una brecha entre lo que es una llamada a luchar por aquello que te apasiona y te hace saltar del sofá o la cama cada día, a pesar de los baches del camino, y lo que es un engaño de personas que quieren construir sus sueños a base de manipulación y arenga motivacional.

Las consecuencias de una u otro están claras.

Luchar por aquello que arde dentro te hace feliz, te enriquece, te fortalece, te ilusiona y hace que te brillen los ojos y que te sientas en comunión con el universo.

Luchar por los sueños de otros te estresa, te hace infeliz, te empequeñece, te hace sentir un nudo en el estómago y una presión en el corazón, te lleva a un precipicio de dudas y de competición contra los demás y contra ti mismo/a.

Me gustaría poder darte la clave para distinguir unos de otros, pero eso es algo que sólo puedes reconocer tú, yo sólo puedo darte algunas pistas:

– La primera es conocerte a ti mismo/a. Quién eres tú. Qué cualidades tienes. Qué te hace un ejemplar humano único. Lo que te gusta escuchar, ver, sentir, hacer, decir. Lo que te hace vibrar. De qué tipo de personas quieres rodearte. Tu manera de ser feliz.

– La segunda es conocer tus valores, esos que están presentes a lo largo de tu vida, tus pilares, tus principios y los que quieres encontrar en los demás. Lo que te hace feliz.

– La tercera es preguntarte qué tipo de vida te dibujarías si pudieras diseñarla ahora mismo. Lo que necesitas para ser feliz.

– La cuarta es atrever a cuestionarte si hoy y ahora, haciendo lo que haces, eres feliz.

Y a partir de aquí date permiso para fallar, para caer y volver a levantarte, para ser pequeño/a e ir  poco a poco, para no ser el/la mejor, para sentirte satisfecho/a por cada pequeño avance por insignificante que parezca, para sentirte desanimado/a a veces, para estar triste o eufórico/a, para decidir cuándo sí y cuándo no, con quién sí y con quién no.

Pero, por favor, no malgastes tu inteligencia, tu valor y tu vida comprando los sueños que te quieran vender. Invierte tu fuerza, tu tiempo y tus dones en construir los tuyos.

 

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CUATRO INGREDIENTES PARA UN SUEÑO

CUATRO INGREDIENTES PARA UN SUEÑO

No sé si eres de ese tipo de personas que tienen un sueño en la vida o eres de las que sólo tienen un deseo. Tal vez ni siquiera te hayas planteado la diferencia entre ambos.

Para empezar, te diré que el deseo es algo que se nos dibuja lejano, inalcanzable. Es algo que nos gustaría tener en el hipotético caso de que se dieran las circunstancias favorables que lo hicieran posible. Mientras que un sueño es algo presente continua y constantemente en nuestra vida, en nuestros días y en nuestras noches. Es eso por lo que nos levantamos cada mañana, en lo que ponemos toda nuestra intención y nuestro esfuerzo, eso por lo que luchamos y que sabemos que un día lograremos. El deseo está condicionado a la suerte, mientras que un sueño está sujeto a tu auto creencia.

Si llegados a este punto, crees que eres una persona con un deseo o varios no pierdas el tiempo en esta lectura, ya que nada de lo siguiente podrá ayudarte a alcanzarlo. Si, por el contrario, eres de l@s que tienen un sueño, te invito no sólo a que leas, sino a que pongas en práctica  estas sugerencias y te conviertas en el tercer tipo de personas: las que convierten el sueño en realidad.

Nadie tiene una receta mágica para el éxito, cada uno ha de crear la suya propia, pero sí existen unos ingredientes que nunca pueden faltar en la receta:

El primero es la confianza en ti mism@. Antes de dar el primer paso has de creer en tu capacidad, conocer tu valía. ¿Cuáles son tus dones? ¿Qué es eso que te resulta siempre fácil y que sabes hacer mejor que nadie? ¿Qué es todo eso que pagarías por hacer? ¿Qué cualidades destacan los demás en ti? Ponlas por escrito y dales una puntuación del 1 al 10 a cada una de ellas. Ahora escribe en otro papel las cualidades que crees necesarias para alcanzar tu sueño y puntúa lo cerca que estás de poseerlas. Suma ambas puntuaciones y ya tienes tu valor en relación con tu sueño. ¿Confiarías para alcanzar tu sueño en alguien con esa valoración? Entonces, empieza a confiar más en ti.

El segundo ingrediente es la determinación. Pero no una determinación de “sí, estoy determinad@ a hacerlo”, con la boca pequeña y las dudas en el bolsillo, sino una determinación objetiva, real. Así que coge otro papel y anota lo que estás dispuest@ a soportar y lo que no, a lo que estás dispuest@ a renunciar y a lo que no, el tiempo que vas a dedicar y el dinero que vas invertir. Ahora ya sabes qué grado de determinación tienes y en qué se concreta.

El tercer ingrediente está íntimamente relacionado con el segundo, es el primer paso, ese que asusta tanto. Si tienes en el horizonte clara tu meta, con todo lo que puedes conseguir, con todo lo bueno que está por llegar, y sabes que esta primera acción te acercará un poco más a tu sueño, no será difícil. Lo que no hay que subestimar es la importancia de este primer paso. Ha de ser lo suficientemente significativo para ti como para marcar una divisoria entre el antes y el después. Ha de ser constructivo y hacia adelante, no valen los “proyectos de los proyectos de los proyectos”. Ha de ser algo que salga de ti, que te nazca de dentro, que lo hagas porque lo quieras y lo sientas así. Ha de ser lo suficientemente retador como para suponer una nueva experiencia en el conocimiento de ti mism@. Y lo relativamente fácil como para poder llevarlo a la práctica aún entrañando riesgos.

El cuarto y último ingrediente es la perseverancia, entendiendo por ésta el mantenimiento de los conjuntos de acciones que te hayas marcado como necesarios para alcanzar tu meta. Quizá sea la parte más difícil para much@s, ya que tu subconsciente siempre va a llevarte por los caminos conocidos y seguros que hasta ahora te han alejado de tu sueño. Así que créate una rutina diaria, aléjate de ambientes tóxicos, únete a personas positivas, auto motívate con mensajes y lecturas inspiradores, no dejes de visualizar tu meta cada mañana, lleva contigo un objeto que te recuerde que el triunfo está cerca y prémiate cada vez que consigas un pequeño logro que te aproxime al destino.

Ahora ya, mezclar todos estos ingredientes y añadir otros a tu propia receta es tarea tuya. Yo espero haber contribuido, de alguna manera, a transformar tu deseo en sueño y en un futuro próximo, tu sueño en realidad.

 

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DEJA DE INTENTAR

DEJA DE INTENTAR

Este verano he decidido dedicarme un buen rato cada mañana a una de mis aficiones favoritas: la lectura.

Me levanto temprano y continúo en la página que lo dejé ayer. De pronto reparó en algo: he leído varias veces la palabra “intentar”. Detengo la lectura y pienso que es un término muy utilizado por mí, también. Una fuerte curiosidad me impulsa a levantarme del sillón y buscar en el diccionario el verbo “intentar”.

Hacer el esfuerzo y los pasos necesarios para realizar algo o lograr cierto objetivo o fin, sin tener la certeza absoluta de conseguirlo.

¡¡¡Sin tener la certeza absoluta de conseguirlo!!! Ahí está la clave.

¿Te has dado cuenta de que, cada vez que introduces la palabra intentar en una afirmación, estás poniendo en duda todo lo que planteas?

El intento implica duda, desconfianza, inseguridad. Expresa un deseo construido desde la certeza de no lograrlo, desde la impotencia de no tener los suficientes recursos, de no contar con la motivación necesaria, desde el temor a no estar a la altura o la vergüenza del fracaso.

Acabo de hacerme consciente de que, si quiero alcanzar mis metas y superarme a mí misma, debo desterrar de mi vocabulario esta palabra. Aunque, probablemente, no baste con evitar el vocablo boicoteador, sino que también sea necesario caminar hacia mi objetivo con la confianza y el entusiasmo de quien se ve perfectamente capaz de lograrlo.

Y, ahora tú, probablemente, te estés preguntando:

– Todo eso está muy bien, pero ¿cómo conseguir esa confianza y ese entusiasmo? ¿Cómo hacer para verme perfectamente capaz de lograrlo?

Sin pretender decirte lo que tienes que hacer, ni, mucho menos, darte una receta mágica, permíteme que te ofrezca unas recomendaciones básicas:

  1. En primer lugar, debes estar completamente seguro de lo que quieres. No basta con pensarlo a modo de deseo, atrévete a dibujarlo en tu mente con todo tipo de detalles, recréate en ello, asegúrate de que no falte ni un solo elemento importante para ti. Coge papel y boli y describe todo lo que ves, imagina que es tu carta a los Reyes Magos, léela, corrígela, especifica claramente lo que buscas. Y, una vez que hayas hecho esto, define tu meta en siete palabras y con un único verbo. De esta forma habrás concretado lo que deseas, tu mente tendrá claro lo que buscas y, juntas, formaréis un tándem perfecto.
  2. En segundo lugar, llega el momento de profundizar en eso que deseas y plantearte cuál es tu motivación más profunda. Pregúntate para qué lo quieres. Vuelve a por el papel y boli y anota ese primer “para qué” que viene a tu cabeza. Ahora pregunta “¿para qué?” a eso que has anotado. Haz esto sucesivamente, por unas cinco u ocho veces. No te limites a escribir lo que te viene a la cabeza, observa, también tu cuerpo, las sensaciones al pensar en ello. Encuentra las palabras precisas, no cualquier cosa. Y pon mucho cuidado a las respuestas, se trata de responder a un “para qué”, no a un “por qué”.
  3. Ahora que ya tienes claramente definida tu meta y conoces tu motivación más profunda, enumera todos los recursos que necesitas, tanto materiales, como personales, marca aquéllos de los que dispones. Comienzan tus primeros pasos y estos consisten en poner en funcionamiento estos recursos con los que cuentas desde el minuto cero y encontrar la manera de conseguir esos recursos que necesitas y de los que no dispones aún. Elabora una estrategia para ello: grado de prioridad, dónde conseguirlos, cómo hacerlo, plazos…
  4. En este momento es fundamental que adquieras un firme compromiso contigo mismo, pero dado que somos seres sociales, una manera de reforzar este compromiso, es la de buscar a alguien a quién hacer partícipe de tu aventura. Esta persona ha de ser positiva, confiable y, lo más importante, que no sea parte implicada, que pueda ser observador independiente. Háblale de tus planes, de tus plazos, comparte tu evolución con él o ella, explícale aquello que te limita y lo que te empodera. Deja que te interpele. Te ayudará a impulsarte y a clarificarte en los momentos más complicados.
  5. Llegado a este punto, sólo falta llenar la mochila para el viaje con lo más importante: tu actitud.

Ser positivo, perseverante, caminar sin desfallecer a pesar de los obstáculos sólo puede lograrse desde la creencia de que cada “fallo” es un aprendizaje sobre lo que no nos sirve, cada “acierto” es otro aprendizaje sobre lo que sí nos sirve y que el éxito no es otra cosa que una ley de probabilidad basada en que cuantas más veces lo hago, mejor lo hago y que cuanto más desafino, más aprendo a afinar.

  1. Y como siempre tiene que haber una postdata, me queda decirte que te permitas premiar cada pequeño paso en dirección a tu meta, no importa si grande o pequeño. Piensa qué te vas a regalar, ya sea algo material o disfrutar de una afición o un tiempo para ti. Te lo mereces.

Con estas sencillas recomendaciones ya puedes dejar de intentar para empezar a hacer, porque vale más hacer poco que intentar mucho.

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NO BESES A LA RANA, NI TE CASES CON LA BRUJA

NO BESES A LA RANA, NI TE CASES CON LA BRUJA

Hoy quiero escribir para todas aquellas mujeres que besaron un príncipe que se convirtió en rana y para todos aquellos hombres que bailaron con la princesa y se casaron con la bruja. Si eres una de esas personas, quizás te interese lo que te voy a decir y, si no, quizás también para no acabar siéndolo.

Al igual que quien ha sufrido un accidente de cualquier tipo, los supervivientes de un naufragio sentimental, tienen miedo a volver a embarcarse de nuevo. Pero nadie ha de quedarse parado por miedo a tropezar. Por eso me atrevo a darte unas pautas para poder acercarte a un barco sin correr a aferrarte a un flotador:

  1. Lo primero ante la ruptura es entender que el dolor y la tristeza, la sensación de fracaso y hasta de culpa, es perfectamente normal. Es un período necesario para la reparación emocional y pasajero, No dejes de entenderlo así. Piensa que no has fallado a nadie, has hecho lo mejor que podías y sabías hacer en esa etapa de tu vida.

Quizás haya momentos en los que la negatividad invada tus pensamientos. Limpiar esa toxicidad con frases como “Lo siento, perdóname, te amo, gracias” del Ho’oponopono, te ayudará.

  1. Reserva un tiempo para estar contigo, a solas. Encontrarás nuevas respuestas a tus preguntas y será una oportunidad para dejar brotar todas las emociones. Deja que tu cuerpo sienta y que el silencio te hable. En estos momentos, la mente va muy rápida y habla demasiado alto. Estar a solas y en silencio te ayudará a serenarla. Márcate un tiempo al día y respétalo.
  2. Hay un tiempo para cada cosa. Ni estés todo el día a solas, ni te lo pases buscando compasión cada minuto. Reúnete con personas optimistas, de confianza, con las que te sientas bien. Pero procura no hablar de tu situación, sólo haría que te estancaras en el bucle y que cansaras a todos los que te escucharan. Habla de ti, no de tu ex-pareja.

Sería ideal que preparases una lista de personas con las que poder quedar para no llamar siempre a la misma.

  1. Aún así habrá momentos en los que no puedas evitar pensar en el pasado, no te culpes por ello, por el contrario, utiliza esos momentos para aprender de él:

– ¿Qué puedo hacer mejor a partir de ahora?

– ¿Qué hice que volvería a hacer?

– ¿Qué de lo que hice no volvería a hacer?

– ¿Qué límites no puse que debería haber puesto?

– ¿Qué quiero cambiar?

  1. A medida que te vayas sintiendo mejor contigo mismo@, vuelve a responder a estas preguntas, quizás en la distancia cambien algunas respuestas.
  2. Es el momento de definir, claramente, algunas cosas. Coge papel y boli e intenta explicar, breve pero precisamente, qué es el amor para ti. Ten en cuenta que no es para todos lo mismo. ¿Qué entiendes tú por amor?
  3. Trata de profundizar un poco más. Describe a tu pareja ideal a todos los niveles: física, profesional, emocional, políticamente, incluso, si eso es importante para ti. Concéntrate en lo que consideras imprescindible e innegociable.

Marca todas aquellas características que son tuyas. ¿Has oído eso de que mejor que encontrar a tu media naranja es ser una naranja completa y unirte a otra también completa? Pues toma todas esas características de la lista en las que no coincides con tu pareja ideal y conviértete tú, un poco más cada día, en esa persona.

  1. Ábrete a la vida, conoce gente nueva, sé receptiv@, optimista. No te cierres a coger rosas por miedo a las espinas, pero tampoco cedas a los caprichos de nadie, no eres un juguete, ni eres madre universal, ni una ONG rodante.
  2. Y como dice un amigo mío, cuando encuentres a alguien que despierte tu interés, pídele que te defina qué es para él/ella el amor. Si no coincide en un 90% con tu definición de amor, ni lo intentes.
  3. Y cuando, por fin, quieras dar a alguien la oportunidad de conocerte y conocerle, empieza de cero, sin mochilas, sin pasado. Es una persona nueva y tú también. Toma tu lista de requisitos innegociables y no renuncies ni a uno solo.

Tal vez no haya príncipes, ni princesas, pero el amor es uno de los más bellos e importantes aprendizajes de la vida. Sé un buen alumno@.

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