CÓMO RECONOCER UNA RELACIÓN TÓXICA

CÓMO RECONOCER UNA RELACIÓN TÓXICA

 

Hay muchas maneras de entender el amor y muchas maneras de encontrarlo, tantas como personas.

Es difícil buscar razones a porqué te enamoras de alguien, más que nada porque el amor no es cuestión de lógica, ni de razonamiento, sino de sentimientos.  Aunque, cuando estás enamorad@, cedas el control de tu vida al corazón y estés dispuest@ a grandes entregas a la persona que amas…

No debes olvidar que el miembro más importante de la relación para ti debes ser tú.

Muchas veces, esa relación amorosa transcurre de manera fluida, lo que es natural, otras, sin embargo, comienzan los problemas, las dificultades, convirtiéndose en una trampa de la que no es posible salir. Sufres en la relación, pero no te sientes con fuerza ni capacidad para salir de ella. Y ahí estás tú, en un “ni contigo, ni sin ti”, en un bucle que merma tu autoestima, que te agota física y mentalmente.

¿Sabes cómo se llama eso? Se llama relación tóxica.¿Quieres vivir en una relación tóxica?

Imagino que no, pero el primer paso para evitar o salir de una relación de este tipo es reconocerla a tiempo. Y digo a tiempo porque, cuanto más prolongues la relación tóxica, más difícil te va a resultar ver con claridad y romper las fibras de la telaraña que te mantienen enganchad@ a ella.

Por ello te indico unos cuantos indicios para averiguar si la relación de pareja que mantienes es una de estas:

  • En cuanto al comportamiento de tu pareja:
    1. Se muestra celos@ sin motivo.
    2. Es poco transparente y muy reservad@ con su vida, mantiene secretos contigo, pero quiere saberlo todo sobre ti.
    3. Es quien marca el ritmo y las condiciones de la relación.
    4. Nunca pide perdón y, si lo hace, te culpa a ti de su reacción.
    5. Te separa de los demás (familia, amigos…) de una manera sutil.
    6. Te pide bastante más de lo que da o lo que está dispuest@ a dar.
    7. Te insulta y falta al respeto con palabras y/o actitudes.
    8. No te valora.
    9. Provoca discusiones y te hace creer que eres tú el/la conflictiv@
    10. Es difícil mantener un diálogo constructivo con él/ella, bien porque se pone a la defensiva o porque responde con evasivas.
    11. Incumple reiteradamente sus promesas.
    12. Acostumbra a mentirte o utiliza medias verdades, puede que les llame mentiras piadosas para justificarlas.
    13. Toma decisiones unilaterales y las justifica diciendo que son por tu bien.
    14. Te pone en situaciones límite.
    15. Hay demasiadas carencias, necesidades y apegos en, al menos, uno de los miembros.
  • En cuanto a tu percepción o sentimientos dentro de la relación: 
    1. Sientes que no puedes mostrarte tal y como eres, no puedes expresar tus necesidades.
    2. Te sientes nervios@ y/o triste.
    3. Tú vida es más complicada que antes de la relación.
    4. Piensas que tu pareja no se preocupa por tus cosas ni por tus sentimientos.
    5. Te sientes como una opción, en vez de como una prioridad.
    6. Piensas que la relación gira en torno a él/ella.
    7. Te sientes confus@ en cuanto al tipo de relación que mantenéis (amigos, pareja, amantes…)

Ahora ya tienes información para, al menos, cuestionarte si tu relación de pareja pertenece o no al grupo de relaciones tóxicas, pero sin descartar la posibilidad de que tú seas quien está aportando esa toxicidad, que nunca viene mal un poco de autocrítica.

En la próxima entrada de mi blog, trataremos cómo desprenderte de una relación tóxica.

Y recuerda siempre que la única relación indispensable es la que mantienes contigo.

Si deseas profundizar más en el tema, te recomiendo el microtaller No Más Relaciones Tóxicas.

NO MÁS RELACIONES TÓXICAS
El HOMBRE DE LA MÁSCARA

El HOMBRE DE LA MÁSCARA

Dicen que en un lejano país existió un hombre conocido por su máscara.

Era una máscara vistosa, formada por trozos de metal, de cuero, joyas, esmaltes, tela, madera…Pero lejos de ser un amasijo de materiales diferentes e incompatibles entre ellos, era una bella máscara, la más bella máscara que nunca se ha visto.

En realidad, los materiales que integraban la máscara habían sido proporcionados por diferentes personas: amigos, familiares, compañeros, vecinos, amores, maestros…que habían ido aportando el pequeño trozo que les parecía mejor. Ellos se sentían orgullosos de haber podido contribuir a la pequeña obra de arte y el hombre se complacía de ir embelleciendo su original máscara.

El hombre fue creciendo con la máscara que, a su vez, también fue creciendo con la colaboración de todos. Y tan satisfecho y feliz vivía con su máscara que hasta dormir hacía con ella. La gente le saludaba por la calle al reconocerle, los niños corrían alrededor encantados por su aspecto, los hombres le envidiaban y las mujeres lo admiraban.

Pero ocurrió que un día hubo una epidemia de varicela. El hombre sintió fuertes picores en su cuerpo y en su cara. Desazonado por las ampollas, fue a retirarse la máscara, pero ésta se había pegado a su piel de tal manera que a cada tirón el dolor era tan intenso que no le quedó otro remedio que acudir al médico para que le ayudara a retirarse la máscara. El médico intentó hacerlo de manera que no dañara la piel del hombre, pero estaba tan fundida a ésta que no fue posible arrancar la máscara sin llevarse también trozos de piel.

La máscara quedó destruida, desmontada trozo a trozo, en el intento de arrancarla del rostro del hombre.

Fueron necesarios varios meses para que la piel creciera recubriendo las heridas y cicatrices y muchos meses más para que el hombre aprendiera su nueva cara frente al espejo. Pero lo que más tiempo le llevó fue asumir que muchos ya no le reconocieran y que otros muchos no quisieran ni reconocerle. Se había convertido en una persona más, sin adornos. La gente ya no le admiraba, los niños ya no corrían en torno a él. Era un hombre normal, un perfecto anónimo.

Lloró muchas noches sintiéndose solo, amargado por su desgracia. Había perdido su máscara. Lo había perdido todo con su máscara: su imagen, su prestigio, su popularidad, su singularidad. Ya nadie podía reconocer su pequeña aportación en el rostro del hombre porque todo lo que tenía en él era su piel, su propia piel.

Un día, sentado en la orilla del río llorando, mirando el reflejo de su rostro deformado por la corriente, sintió una mano en su hombro y, al girarse, una cara amable de joven sonriente le preguntó:

-Hombre, ¿por qué lloras?

Él le respondió:

-Porque he perdido mi máscara y ya nadie me admira, ya no soy importante para ellos.

La joven secó una lágrima con sus dedos y le dijo:

-¿Puedes sentir esto?

El hombre, sorprendido, respondió:

-Sí. Claro que puedo sentirlo.

La mujer le besó suavemente en la mejilla:

-¿Y esto?

El hombre, más sorprendido aún, respondió casi tartamudeando:

-Sí, puedo sentirlo. También puedo sentirlo.

La mujer continuó:

-Quizás tu rostro no sea tan llamativo ahora, pero es un rostro que siente y que se deja sentir.

-Ahora puedes ser tú, de una pieza, sin fragmentos puestos por otros. Sólo tienes que darte a conocer tal y como eres ahora, quien te acepte, te aceptará a ti, no a tu máscara, y quien te quiera, podrá besar y acariciar tu verdadera piel.

Cuentan que nunca más se supo del hombre de la máscara, pero que en aquel lejano país apareció un hombre sabio que enseñó a las personas a crecer sin complejos y a descubrirse y mostrarse en su propia piel. Quizás por eso fue llamado desde entonces “el país de la gente feliz”.

Y tú, ¿prefieres tu “máscara” o tu “piel”?

¿Permites que los demás te vayan construyendo tu “máscara”?

¿Dónde y con quiénes muestras tu “máscara”?

¿Dónde y con quiénes muestras tu “piel”?

¿Qué vas a hacer por fortalecer y mostrar tu “piel” esta semana?

Recuerda siempre que, a fuerza de tratar de responder a la imagen que los demás piden de nosotros, podemos acabar por no saber quiénes, realmente, somos.

Si necesitas profundizar algo más en ti, te recomiendo el microtaller:

Aceptarme Para Amarme

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QUE NO TE VENDAN SUEÑOS

Llevamos muchos años oyendo hablar de los efectos del estrés en la vida de las personas y de sus causas, que son muchas y conocidas: motivos laborales, ambientales, relaciones personales, actitud negativa o perfeccionista ante los acontecimientos, una pérdida o cambios sustanciales en la vida…

Sin ser una experta en el tema, me atrevería a apuntar a un nuevo fenómeno social que causa grandes niveles de estrés en las personas: los vendedores de sueños.

Creo que es importante que sepas de su existencia y estés prevenido/a. Generalmente actúan disfrazados/as de personas exitosas y felices, aprovechan cualquier conversación para soltar su discurso y se sienten especialmente atraídos/as por las personas más vulnerables. Las puedes encontrar en las redes sociales, en You Tube o en cualquier evento que haya en tu ciudad donde se concentre un cierto número de seres humanos predispuestos a escuchar su canto de sirenas.

Llegados a este punto, no quiero que confundas mi mensaje. No trato de lanzar una bomba incendiaria contra todos aquellos que trabajan por animar a los demás a alcanzar sus metas, sea de una manera profesional o altruista, ni de hacer un alegato en contra de la ilusión, del esfuerzo o de la importancia de soñar y mantener vivos los sueños.

Lo que intento es abrir una brecha entre lo que es una llamada a luchar por aquello que te apasiona y te hace saltar del sofá o la cama cada día, a pesar de los baches del camino, y lo que es un engaño de personas que quieren construir sus sueños a base de manipulación y arenga motivacional.

Las consecuencias de una u otro están claras.

Luchar por aquello que arde dentro te hace feliz, te enriquece, te fortalece, te ilusiona y hace que te brillen los ojos y que te sientas en comunión con el universo.

Luchar por los sueños de otros te estresa, te hace infeliz, te empequeñece, te hace sentir un nudo en el estómago y una presión en el corazón, te lleva a un precipicio de dudas y de competición contra los demás y contra ti mismo/a.

Me gustaría poder darte la clave para distinguir unos de otros, pero eso es algo que sólo puedes reconocer tú, yo sólo puedo darte algunas pistas:

– La primera es conocerte a ti mismo/a. Quién eres tú. Qué cualidades tienes. Qué te hace un ejemplar humano único. Lo que te gusta escuchar, ver, sentir, hacer, decir. Lo que te hace vibrar. De qué tipo de personas quieres rodearte. Tu manera de ser feliz.

– La segunda es conocer tus valores, esos que están presentes a lo largo de tu vida, tus pilares, tus principios y los que quieres encontrar en los demás. Lo que te hace feliz.

– La tercera es preguntarte qué tipo de vida te dibujarías si pudieras diseñarla ahora mismo. Lo que necesitas para ser feliz.

– La cuarta es atrever a cuestionarte si hoy y ahora, haciendo lo que haces, eres feliz.

Y a partir de aquí date permiso para fallar, para caer y volver a levantarte, para ser pequeño/a e ir  poco a poco, para no ser el/la mejor, para sentirte satisfecho/a por cada pequeño avance por insignificante que parezca, para sentirte desanimado/a a veces, para estar triste o eufórico/a, para decidir cuándo sí y cuándo no, con quién sí y con quién no.

Pero, por favor, no malgastes tu inteligencia, tu valor y tu vida comprando los sueños que te quieran vender. Invierte tu fuerza, tu tiempo y tus dones en construir los tuyos.

 

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DEJA DE INTENTAR

DEJA DE INTENTAR

Este verano he decidido dedicarme un buen rato cada mañana a una de mis aficiones favoritas: la lectura.

Me levanto temprano y continúo en la página que lo dejé ayer. De pronto reparó en algo: he leído varias veces la palabra “intentar”. Detengo la lectura y pienso que es un término muy utilizado por mí, también. Una fuerte curiosidad me impulsa a levantarme del sillón y buscar en el diccionario el verbo “intentar”.

Hacer el esfuerzo y los pasos necesarios para realizar algo o lograr cierto objetivo o fin, sin tener la certeza absoluta de conseguirlo.

¡¡¡Sin tener la certeza absoluta de conseguirlo!!! Ahí está la clave.

¿Te has dado cuenta de que, cada vez que introduces la palabra intentar en una afirmación, estás poniendo en duda todo lo que planteas?

El intento implica duda, desconfianza, inseguridad. Expresa un deseo construido desde la certeza de no lograrlo, desde la impotencia de no tener los suficientes recursos, de no contar con la motivación necesaria, desde el temor a no estar a la altura o la vergüenza del fracaso.

Acabo de hacerme consciente de que, si quiero alcanzar mis metas y superarme a mí misma, debo desterrar de mi vocabulario esta palabra. Aunque, probablemente, no baste con evitar el vocablo boicoteador, sino que también sea necesario caminar hacia mi objetivo con la confianza y el entusiasmo de quien se ve perfectamente capaz de lograrlo.

Y, ahora tú, probablemente, te estés preguntando:

– Todo eso está muy bien, pero ¿cómo conseguir esa confianza y ese entusiasmo? ¿Cómo hacer para verme perfectamente capaz de lograrlo?

Sin pretender decirte lo que tienes que hacer, ni, mucho menos, darte una receta mágica, permíteme que te ofrezca unas recomendaciones básicas:

  1. En primer lugar, debes estar completamente seguro de lo que quieres. No basta con pensarlo a modo de deseo, atrévete a dibujarlo en tu mente con todo tipo de detalles, recréate en ello, asegúrate de que no falte ni un solo elemento importante para ti. Coge papel y boli y describe todo lo que ves, imagina que es tu carta a los Reyes Magos, léela, corrígela, especifica claramente lo que buscas. Y, una vez que hayas hecho esto, define tu meta en siete palabras y con un único verbo. De esta forma habrás concretado lo que deseas, tu mente tendrá claro lo que buscas y, juntas, formaréis un tándem perfecto.
  2. En segundo lugar, llega el momento de profundizar en eso que deseas y plantearte cuál es tu motivación más profunda. Pregúntate para qué lo quieres. Vuelve a por el papel y boli y anota ese primer “para qué” que viene a tu cabeza. Ahora pregunta “¿para qué?” a eso que has anotado. Haz esto sucesivamente, por unas cinco u ocho veces. No te limites a escribir lo que te viene a la cabeza, observa, también tu cuerpo, las sensaciones al pensar en ello. Encuentra las palabras precisas, no cualquier cosa. Y pon mucho cuidado a las respuestas, se trata de responder a un “para qué”, no a un “por qué”.
  3. Ahora que ya tienes claramente definida tu meta y conoces tu motivación más profunda, enumera todos los recursos que necesitas, tanto materiales, como personales, marca aquéllos de los que dispones. Comienzan tus primeros pasos y estos consisten en poner en funcionamiento estos recursos con los que cuentas desde el minuto cero y encontrar la manera de conseguir esos recursos que necesitas y de los que no dispones aún. Elabora una estrategia para ello: grado de prioridad, dónde conseguirlos, cómo hacerlo, plazos…
  4. En este momento es fundamental que adquieras un firme compromiso contigo mismo, pero dado que somos seres sociales, una manera de reforzar este compromiso, es la de buscar a alguien a quién hacer partícipe de tu aventura. Esta persona ha de ser positiva, confiable y, lo más importante, que no sea parte implicada, que pueda ser observador independiente. Háblale de tus planes, de tus plazos, comparte tu evolución con él o ella, explícale aquello que te limita y lo que te empodera. Deja que te interpele. Te ayudará a impulsarte y a clarificarte en los momentos más complicados.
  5. Llegado a este punto, sólo falta llenar la mochila para el viaje con lo más importante: tu actitud.

Ser positivo, perseverante, caminar sin desfallecer a pesar de los obstáculos sólo puede lograrse desde la creencia de que cada “fallo” es un aprendizaje sobre lo que no nos sirve, cada “acierto” es otro aprendizaje sobre lo que sí nos sirve y que el éxito no es otra cosa que una ley de probabilidad basada en que cuantas más veces lo hago, mejor lo hago y que cuanto más desafino, más aprendo a afinar.

  1. Y como siempre tiene que haber una postdata, me queda decirte que te permitas premiar cada pequeño paso en dirección a tu meta, no importa si grande o pequeño. Piensa qué te vas a regalar, ya sea algo material o disfrutar de una afición o un tiempo para ti. Te lo mereces.

Con estas sencillas recomendaciones ya puedes dejar de intentar para empezar a hacer, porque vale más hacer poco que intentar mucho.

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NO BESES A LA RANA, NI TE CASES CON LA BRUJA

NO BESES A LA RANA, NI TE CASES CON LA BRUJA

Hoy quiero escribir para todas aquellas mujeres que besaron un príncipe que se convirtió en rana y para todos aquellos hombres que bailaron con la princesa y se casaron con la bruja. Si eres una de esas personas, quizás te interese lo que te voy a decir y, si no, quizás también para no acabar siéndolo.

Al igual que quien ha sufrido un accidente de cualquier tipo, los supervivientes de un naufragio sentimental, tienen miedo a volver a embarcarse de nuevo. Pero nadie ha de quedarse parado por miedo a tropezar. Por eso me atrevo a darte unas pautas para poder acercarte a un barco sin correr a aferrarte a un flotador:

  1. Lo primero ante la ruptura es entender que el dolor y la tristeza, la sensación de fracaso y hasta de culpa, es perfectamente normal. Es un período necesario para la reparación emocional y pasajero, No dejes de entenderlo así. Piensa que no has fallado a nadie, has hecho lo mejor que podías y sabías hacer en esa etapa de tu vida.

Quizás haya momentos en los que la negatividad invada tus pensamientos. Limpiar esa toxicidad con frases como “Lo siento, perdóname, te amo, gracias” del Ho’oponopono, te ayudará.

  1. Reserva un tiempo para estar contigo, a solas. Encontrarás nuevas respuestas a tus preguntas y será una oportunidad para dejar brotar todas las emociones. Deja que tu cuerpo sienta y que el silencio te hable. En estos momentos, la mente va muy rápida y habla demasiado alto. Estar a solas y en silencio te ayudará a serenarla. Márcate un tiempo al día y respétalo.
  2. Hay un tiempo para cada cosa. Ni estés todo el día a solas, ni te lo pases buscando compasión cada minuto. Reúnete con personas optimistas, de confianza, con las que te sientas bien. Pero procura no hablar de tu situación, sólo haría que te estancaras en el bucle y que cansaras a todos los que te escucharan. Habla de ti, no de tu ex-pareja.

Sería ideal que preparases una lista de personas con las que poder quedar para no llamar siempre a la misma.

  1. Aún así habrá momentos en los que no puedas evitar pensar en el pasado, no te culpes por ello, por el contrario, utiliza esos momentos para aprender de él:

– ¿Qué puedo hacer mejor a partir de ahora?

– ¿Qué hice que volvería a hacer?

– ¿Qué de lo que hice no volvería a hacer?

– ¿Qué límites no puse que debería haber puesto?

– ¿Qué quiero cambiar?

  1. A medida que te vayas sintiendo mejor contigo mismo@, vuelve a responder a estas preguntas, quizás en la distancia cambien algunas respuestas.
  2. Es el momento de definir, claramente, algunas cosas. Coge papel y boli e intenta explicar, breve pero precisamente, qué es el amor para ti. Ten en cuenta que no es para todos lo mismo. ¿Qué entiendes tú por amor?
  3. Trata de profundizar un poco más. Describe a tu pareja ideal a todos los niveles: física, profesional, emocional, políticamente, incluso, si eso es importante para ti. Concéntrate en lo que consideras imprescindible e innegociable.

Marca todas aquellas características que son tuyas. ¿Has oído eso de que mejor que encontrar a tu media naranja es ser una naranja completa y unirte a otra también completa? Pues toma todas esas características de la lista en las que no coincides con tu pareja ideal y conviértete tú, un poco más cada día, en esa persona.

  1. Ábrete a la vida, conoce gente nueva, sé receptiv@, optimista. No te cierres a coger rosas por miedo a las espinas, pero tampoco cedas a los caprichos de nadie, no eres un juguete, ni eres madre universal, ni una ONG rodante.
  2. Y como dice un amigo mío, cuando encuentres a alguien que despierte tu interés, pídele que te defina qué es para él/ella el amor. Si no coincide en un 90% con tu definición de amor, ni lo intentes.
  3. Y cuando, por fin, quieras dar a alguien la oportunidad de conocerte y conocerle, empieza de cero, sin mochilas, sin pasado. Es una persona nueva y tú también. Toma tu lista de requisitos innegociables y no renuncies ni a uno solo.

Tal vez no haya príncipes, ni princesas, pero el amor es uno de los más bellos e importantes aprendizajes de la vida. Sé un buen alumno@.

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