SUPÉRATE EN CINCO PASOS

SUPÉRATE EN CINCO PASOS

En los últimos años se oye hablar mucho del desarrollo personal, también llamado crecimiento personal, desarrollo humano, superación personal…

A todos nos gusta superarnos, pero la mayoría de las veces lo hacemos tomando a otros como referencia, es decir, haciendo eso mismo que nos enseñaron a hacer desde nuestra más temprana infancia.

Con lo cual, no entramos en un proceso gratificante de descubrimiento, mejora y satisfacción personal, sino en una lucha competitiva y dolorosa por ser más y mejor que otro. Es como si en medio de una carrera en lugar de tener tu mirada en la meta o en el siguiente tramo de la pista, la tuvieras puesta en el que corre por delante de ti, al lado o, incluso, por detrás. Como si, en vez de estar dosificando tu esfuerzo, estuvieras esperando la mueca de sufrimiento del oponente o deseando ver aumentar sus pulsaciones al límite. Y no es extraño si consideramos que en nuestros primeros años nos midieron por notas, nos valoraron por objetivos y nos enseñaron a golpe de temario curricular y siempre bajo la impronta del “sois la peor clase”, “si te esforzaras como tus compañer@s…”, “pues a tu amig@ sí le da la nota para estudiar ingeniería” y otras frases lapidarias y lapidadoras.

Y así has llegado aquí, con tus excesos y tus defectos… ¿con respecto a qué?

Si, como yo, crees que no se trata de competir contra otr@s, sino de competir a favor de ti mism@ este artículo está pensado para ti. Y está pensado para ti porque se trata de un programa para superarte en cinco sencillos pasos, que no por sencillos serán fáciles ni rápidos.

¿Te apuntas al reto?

Paso 1. Hacerte plenamente consciente de tu lenguaje.

Se trata de estar especialmente atent@ a tus palabras. Cada vez que digas algo importante o trascendental, algo que tenga un valor para ti o para los demás, reflexiona lo siguiente: ¿para qué lo dices? ¿con qué intención lo dices? ¿qué efecto pretendes conseguir en el/la de enfrente? ¿puedes conseguir el mismo efecto con otras palabras?. Puede parecerte algo forzado o excesivo, pero a medida que lo practiques aprenderás aspectos muy interesantes sobre ti y sobre tus necesidades y creencias.

Paso 2. No hablar de otras personas con respecto a ti, sino de ti con respecto a ellas.

De esta manera estamos manteniendo toda nuestra responsabilidad y poder sobre lo que pensamos, sentimos, decimos o hacemos. No se trata de lo que los demás nos hacen, sino de cómo interpretamos y vivimos lo que los demás hacen. Por ejemplo, ante la frase “Carlos siempre llega tarde”, puedo reformularla como “Me molesta que Carlos llegue tarde porque lo interpreto como una falta de respeto hacia mi persona” e, incluso, puedo profundizar algo más en mí mism@ “Dado que yo no me respeto lo suficiente, siento que dependo del respeto que me dan los demás, por eso me molesta cuando Carlos llega tarde y no me siento respetada por él”. Y de aquí puedo ir más allá, llegando a tomar una iniciativa de cambio “Quiero empezar a respetarme más, así que le voy a decir a Carlos que la próxima vez que llegue tarde, tendrá que venir a buscarme porque yo no le voy a esperar más”. Como puedes ver, un simple cambio de posición puede darte un margen de libertad para encontrar soluciones y salidas hasta ahora insospechadas para ti.

Paso 3. Comenzar a percibir las situaciones desde un nivel puramente descriptivo, sin suposiciones, ni juicios.

Y te preguntarás en qué consiste la diferencia entre los tres. Pues bien, un juicio sería una frase del tipo “eres un mentiroso”. Una suposición sería algo así como “esto que me estás contando es una mentira como la del otro día”. Mientras que una afirmación meramente descriptiva sería “desde mi punto de vista no me estás proporcionando los suficientes datos como para creer que me dices la verdad”. Adoptar una visión descriptiva u objetiva de los acontecimientos y las personas te enseñará a desdramatizar y relativizar de una manera inteligente y a dejar de reforzar creencias limitadoras.

Paso 4. Analizar aquello que me molesta en los demás reflexionando sobre dónde está eso mismo en mí, bien sea por exceso o por defecto.

Los demás son un mero espejo de nosotr@s mism@s. Por ejemplo: «me molesta que mi pareja no pase más tiempo conmigo y se dedique a otras cosas, como quedar con amigos o salir a correr». Si reflexiono y profundizo en mí, me daré cuenta de que yo priorizo totalmente a mi pareja y me olvido o prescindo de todo lo demás. No reservo tiempo para mí mism@, ni mis aficiones o relaciones. Dependo en exceso de mi pareja, por eso me molesta que ella no dependa de mí. Esta práctica es una buena manera de conocerte a través de las relaciones interpersonales

Paso 5. Tratar de realizar un cambio de perspectiva, es decir, buscar, al menos, otra explicación posible a cada hecho o situación.

Por ejemplo, imagínate la situación siguiente: El otro día comentaste con María que te apetecía ir un día de estos al cine, habéis quedado hoy y, de repente, ha aparecido con su amiga Marta que sabe que te cae fatal. A ti te dan ganas de marcharte y dejarla con su amiga. Sin embargo, cabe una explicación diferente al mismo hecho: tu amiga María se ha visto en el compromiso de quedar con Marta y no se ha atrevido a decirte nada para no fastidiar tus planes. E, incluso, hay otra explicación posible: tu amiga María se ha encontrado cuando iba al cine con Marta y ésta se ha unido al plan sin que María haya sabido evitarlo. Y aún hay otra explicación: María no sabe que Marta te desagrade tanto como para no poder ni ir al cine con ella. Seguramente, habría muchas más explicaciones posibles. Esta búsqueda de explicaciones alternativas a un mismo hecho ampliará tu campo de visión y te hará una persona más abierta a las posibilidades y con más recursos.

Estos cinco sencillos pasos que parecen tan obvios, pueden ser grandes herramientas de desarrollo personal si las pones en práctica.

¿Aceptas el reto?

Si quieres profundizar algo más te recomiendo el microtaller «¿Crítica u Opinión?»

¿Crítica u Opinión?
CÓMO LIBERARTE DE UNA RELACIÓN TÓXICA

CÓMO LIBERARTE DE UNA RELACIÓN TÓXICA

Como dije en mi anterior post, una cosa es saber reconocer una relación tóxica y otra, bien distinta, poder desengancharte de ella.

Y digo desengancharte porque es como una droga que sabes que te está matando, y de la que no eres capaz de prescindir. De hecho, el proceso de ruptura y alejamiento de la relación es lo más parecido a un síndrome de abstinencia o “mono”.

Lo que te voy a proponer aquí no es una receta infalible, pero es lo más aproximado a ella si pones tú el ingrediente principal que es tu voluntad.
¿List@ para soltar amarras?

Toma la decisión y prepárate para el camino.

Cree que, de verdad, estás preparad@ para alejarte y que es lo mejor que puedes hacer por ti. Entiende que nada de lo que hagas y pongas de tu parte va a cambiar la situación en esta relación. Valora si es el mejor momento para cortar el hilo. Pregúntate: ¿estoy dispuest@ a seguir con esta relación, tal y como es, toda la vida? ¿Soy feliz en esta relación o infeliz? ¿Es éste el prototipo de relación que quiero mantener? ¿Quiero seguir esperando un mejor momento?

Motívate para el cambio.

¿Para qué quiero romper? ¿Qué es lo que no me gusta de esta relación? ¿Qué me estoy perdiendo con esta relación? ¿Qué me pasará a mí y a mi entorno si sigo con esta relación? ¿Cómo mejorará mi vida si la dejo? Haz una lista de razones por las que quieres alejarte de esta relación.

Elige una fecha concreta para poner fin a la relación.

Es importante que esa fecha no esté a más de una semana o dos de distancia. Si la pospones demasiado o no te marcas fecha, nunca encontrarás el momento ideal.

Conoce mejor tu “modus operandi” ante tu pareja.

Probablemente, ya te has planteado otras veces la ruptura, incluso has dado un primer paso, pero no has sido capaz de mantenerte en firme, has flaqueado y has vuelto. ¿Cuáles son los desencadenantes que te han hecho volver a la relación? ¿Cómo puedes evitar o podrías haber evitado esos desencadenantes? Haz una lista con actividades y maneras de evitar esos desencadenantes cuando ocurran.

Asocia este reto a otro reto motivador de aprendizaje/mejora

Por ejemplo, estudio, dieta… Los logros de uno, te motivarán para el otro.

Prepárate para pasar un síndrome de abstinencia que durará de unos días a unas pocas semanas.

Sé consciente de que te sentirás deprimid@, con dificultad para conciliar el sueño, irritable, ansios@, con dificultad para pensar claramente, apátic@, con fuertes deseos de ponerte en contacto con tu expareja, añorando el pasado como si te faltara algo vital… Recuerda siempre que, por intenso que esto sea, es temporal.

Busca aliados para este tiempo.

No se trata de que te ayuden, sino de que te apoyen. Nadie puede hacerlo por ti, pero puedes hacerlo con alguien.

Limpia todo de recuerdos cuanto antes.

Aparta de tu vista fotos, discos, objetos, joyas, perfumes…todo lo que te evoque a la persona con la que quieres romper lazos. Tal vez no sea el momento de tirar, pero sí de apartar. Esta limpieza también incluye no visitar lugares en los que tengamos buenos recuerdos, ni pensar en las cosas buenas, ni releer cartas o mensajes…

Evita todo contacto con tu expareja.

Esta es una decisión que tendrás que tomar cada día y experimentarla como una pequeña victoria que te llevará a una gran victoria. Ganarás autoestima, confianza y madurez. Prémiate cada día que pases sin comunicarte con él/ella.

Repite como un mantra cada vez que te sientas flaquear:

“Soy muy fuerte y puedo con esto” “Me mantengo firme en mi decisión y no me defraudaré a mí mism@”

Dedícate a hacer cosas divertidas.

Deporte, practicar algo que te guste y eleve tu vibración, rodearte de personas positivas a las que quieres y con las que te sientes a gusto. Tampoco te vendría mal aprender algo nuevo que establezca nuevas conexiones neuronales. Porque el proceso va a ser duro y te va a doler y, seguramente, estarás triste, ansios@, desganad@…

Contrarresta los efectos de la abstinencia que te va a suponer el contacto cero.

El amor genera dopamina y oxitocina en nuestro cerebro, por lo que sería interesante encontrar maneras de generar estos dos neurotransmisores de otras maneras:

  • Alimentos: almendras, aguacates, plátano, chocolate, café, té verde, sandía.
  • Hábitos: tareas que involucren tu creatividad, tu entusiasmo y tu interés, dar regalos, tener detalles con las personas, hacer deporte (caminar, correr, nadar…), escuchar música alegre que te guste.
  • Complementos alimenticios: cúrcuma, Ginkgo biloba
  • Meditación o Mindfulness
  • Especias: tomillo, perejil, hierbabuena, eneldo, romero
  • Relaciones: abrazos, caricias, palabras de cariño y ánimo

Márcate un plan estratégico con todo lo anterior:

  • Fecha de inicio
  • ¿Qué harás cada vez que estés tentad@ a ponerte en contacto con él/ella?
  • ¿En qué personas te vas a apoyar? ¿Con quiénes vas a contar?
  • ¿Qué día y a qué hora vas a hacer tu limpieza de recuerdos? ¿Cómo te vas a premiar por hacerlo?
  • ¿Qué otro reto vas a asociar a este?
  • ¿Qué actividades vas a hacer para estar bien? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Con quién?
  • ¿Qué hábitos vas a introducir en tu vida?
  • ¿Cómo te vas a premiar cada día que pase sin él/ella? ¿Y cómo vas a celebrar o premiar tu reto final?

Y estos, junto con tu voluntad, son los ingredientes para una nueva vida lejos de tu expareja tóxica.

Es decir, para volver a vivir. Ánimo!

CÓMO RECONOCER UNA RELACIÓN TÓXICA

CÓMO RECONOCER UNA RELACIÓN TÓXICA

 

Hay muchas maneras de entender el amor y muchas maneras de encontrarlo, tantas como personas.

Es difícil buscar razones a porqué te enamoras de alguien, más que nada porque el amor no es cuestión de lógica, ni de razonamiento, sino de sentimientos.  Aunque, cuando estás enamorad@, cedas el control de tu vida al corazón y estés dispuest@ a grandes entregas a la persona que amas…

No debes olvidar que el miembro más importante de la relación para ti debes ser tú.

Muchas veces, esa relación amorosa transcurre de manera fluida, lo que es natural, otras, sin embargo, comienzan los problemas, las dificultades, convirtiéndose en una trampa de la que no es posible salir. Sufres en la relación, pero no te sientes con fuerza ni capacidad para salir de ella. Y ahí estás tú, en un “ni contigo, ni sin ti”, en un bucle que merma tu autoestima, que te agota física y mentalmente.

¿Sabes cómo se llama eso? Se llama relación tóxica.¿Quieres vivir en una relación tóxica?

Imagino que no, pero el primer paso para evitar o salir de una relación de este tipo es reconocerla a tiempo. Y digo a tiempo porque, cuanto más prolongues la relación tóxica, más difícil te va a resultar ver con claridad y romper las fibras de la telaraña que te mantienen enganchad@ a ella.

Por ello te indico unos cuantos indicios para averiguar si la relación de pareja que mantienes es una de estas:

  • En cuanto al comportamiento de tu pareja:
    1. Se muestra celos@ sin motivo.
    2. Es poco transparente y muy reservad@ con su vida, mantiene secretos contigo, pero quiere saberlo todo sobre ti.
    3. Es quien marca el ritmo y las condiciones de la relación.
    4. Nunca pide perdón y, si lo hace, te culpa a ti de su reacción.
    5. Te separa de los demás (familia, amigos…) de una manera sutil.
    6. Te pide bastante más de lo que da o lo que está dispuest@ a dar.
    7. Te insulta y falta al respeto con palabras y/o actitudes.
    8. No te valora.
    9. Provoca discusiones y te hace creer que eres tú el/la conflictiv@
    10. Es difícil mantener un diálogo constructivo con él/ella, bien porque se pone a la defensiva o porque responde con evasivas.
    11. Incumple reiteradamente sus promesas.
    12. Acostumbra a mentirte o utiliza medias verdades, puede que les llame mentiras piadosas para justificarlas.
    13. Toma decisiones unilaterales y las justifica diciendo que son por tu bien.
    14. Te pone en situaciones límite.
    15. Hay demasiadas carencias, necesidades y apegos en, al menos, uno de los miembros.
  • En cuanto a tu percepción o sentimientos dentro de la relación: 
    1. Sientes que no puedes mostrarte tal y como eres, no puedes expresar tus necesidades.
    2. Te sientes nervios@ y/o triste.
    3. Tú vida es más complicada que antes de la relación.
    4. Piensas que tu pareja no se preocupa por tus cosas ni por tus sentimientos.
    5. Te sientes como una opción, en vez de como una prioridad.
    6. Piensas que la relación gira en torno a él/ella.
    7. Te sientes confus@ en cuanto al tipo de relación que mantenéis (amigos, pareja, amantes…)

Ahora ya tienes información para, al menos, cuestionarte si tu relación de pareja pertenece o no al grupo de relaciones tóxicas, pero sin descartar la posibilidad de que tú seas quien está aportando esa toxicidad, que nunca viene mal un poco de autocrítica.

En la próxima entrada de mi blog, trataremos cómo desprenderte de una relación tóxica.

Y recuerda siempre que la única relación indispensable es la que mantienes contigo.

Si deseas profundizar más en el tema, te recomiendo el microtaller No Más Relaciones Tóxicas.

NO MÁS RELACIONES TÓXICAS
CUATRO INGREDIENTES PARA UN SUEÑO

CUATRO INGREDIENTES PARA UN SUEÑO

No sé si eres de ese tipo de personas que tienen un sueño en la vida o eres de las que sólo tienen un deseo. Tal vez ni siquiera te hayas planteado la diferencia entre ambos.

Para empezar, te diré que el deseo es algo que se nos dibuja lejano, inalcanzable. Es algo que nos gustaría tener en el hipotético caso de que se dieran las circunstancias favorables que lo hicieran posible. Mientras que un sueño es algo presente continua y constantemente en nuestra vida, en nuestros días y en nuestras noches. Es eso por lo que nos levantamos cada mañana, en lo que ponemos toda nuestra intención y nuestro esfuerzo, eso por lo que luchamos y que sabemos que un día lograremos. El deseo está condicionado a la suerte, mientras que un sueño está sujeto a tu auto creencia.

Si llegados a este punto, crees que eres una persona con un deseo o varios no pierdas el tiempo en esta lectura, ya que nada de lo siguiente podrá ayudarte a alcanzarlo. Si, por el contrario, eres de l@s que tienen un sueño, te invito no sólo a que leas, sino a que pongas en práctica  estas sugerencias y te conviertas en el tercer tipo de personas: las que convierten el sueño en realidad.

Nadie tiene una receta mágica para el éxito, cada uno ha de crear la suya propia, pero sí existen unos ingredientes que nunca pueden faltar en la receta:

El primero es la confianza en ti mism@. Antes de dar el primer paso has de creer en tu capacidad, conocer tu valía. ¿Cuáles son tus dones? ¿Qué es eso que te resulta siempre fácil y que sabes hacer mejor que nadie? ¿Qué es todo eso que pagarías por hacer? ¿Qué cualidades destacan los demás en ti? Ponlas por escrito y dales una puntuación del 1 al 10 a cada una de ellas. Ahora escribe en otro papel las cualidades que crees necesarias para alcanzar tu sueño y puntúa lo cerca que estás de poseerlas. Suma ambas puntuaciones y ya tienes tu valor en relación con tu sueño. ¿Confiarías para alcanzar tu sueño en alguien con esa valoración? Entonces, empieza a confiar más en ti.

El segundo ingrediente es la determinación. Pero no una determinación de “sí, estoy determinad@ a hacerlo”, con la boca pequeña y las dudas en el bolsillo, sino una determinación objetiva, real. Así que coge otro papel y anota lo que estás dispuest@ a soportar y lo que no, a lo que estás dispuest@ a renunciar y a lo que no, el tiempo que vas a dedicar y el dinero que vas invertir. Ahora ya sabes qué grado de determinación tienes y en qué se concreta.

El tercer ingrediente está íntimamente relacionado con el segundo, es el primer paso, ese que asusta tanto. Si tienes en el horizonte clara tu meta, con todo lo que puedes conseguir, con todo lo bueno que está por llegar, y sabes que esta primera acción te acercará un poco más a tu sueño, no será difícil. Lo que no hay que subestimar es la importancia de este primer paso. Ha de ser lo suficientemente significativo para ti como para marcar una divisoria entre el antes y el después. Ha de ser constructivo y hacia adelante, no valen los “proyectos de los proyectos de los proyectos”. Ha de ser algo que salga de ti, que te nazca de dentro, que lo hagas porque lo quieras y lo sientas así. Ha de ser lo suficientemente retador como para suponer una nueva experiencia en el conocimiento de ti mism@. Y lo relativamente fácil como para poder llevarlo a la práctica aún entrañando riesgos.

El cuarto y último ingrediente es la perseverancia, entendiendo por ésta el mantenimiento de los conjuntos de acciones que te hayas marcado como necesarios para alcanzar tu meta. Quizá sea la parte más difícil para much@s, ya que tu subconsciente siempre va a llevarte por los caminos conocidos y seguros que hasta ahora te han alejado de tu sueño. Así que créate una rutina diaria, aléjate de ambientes tóxicos, únete a personas positivas, auto motívate con mensajes y lecturas inspiradores, no dejes de visualizar tu meta cada mañana, lleva contigo un objeto que te recuerde que el triunfo está cerca y prémiate cada vez que consigas un pequeño logro que te aproxime al destino.

Ahora ya, mezclar todos estos ingredientes y añadir otros a tu propia receta es tarea tuya. Yo espero haber contribuido, de alguna manera, a transformar tu deseo en sueño y en un futuro próximo, tu sueño en realidad.

 

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