Hoy quiero escribir para todas aquellas mujeres que besaron un príncipe que se convirtió en rana y para todos aquellos hombres que bailaron con la princesa y se casaron con la bruja. Si eres una de esas personas, quizás te interese lo que te voy a decir y, si no, quizás también para no acabar siéndolo.

Al igual que quien ha sufrido un accidente de cualquier tipo, los supervivientes de un naufragio sentimental, tienen miedo a volver a embarcarse de nuevo. Pero nadie ha de quedarse parado por miedo a tropezar. Por eso me atrevo a darte unas pautas para poder acercarte a un barco sin correr a aferrarte a un flotador:

  1. Lo primero ante la ruptura es entender que el dolor y la tristeza, la sensación de fracaso y hasta de culpa, es perfectamente normal. Es un período necesario para la reparación emocional y pasajero, No dejes de entenderlo así. Piensa que no has fallado a nadie, has hecho lo mejor que podías y sabías hacer en esa etapa de tu vida.

Quizás haya momentos en los que la negatividad invada tus pensamientos. Limpiar esa toxicidad con frases como “Lo siento, perdóname, te amo, gracias” del Ho’oponopono, te ayudará.

  1. Reserva un tiempo para estar contigo, a solas. Encontrarás nuevas respuestas a tus preguntas y será una oportunidad para dejar brotar todas las emociones. Deja que tu cuerpo sienta y que el silencio te hable. En estos momentos, la mente va muy rápida y habla demasiado alto. Estar a solas y en silencio te ayudará a serenarla. Márcate un tiempo al día y respétalo.
  2. Hay un tiempo para cada cosa. Ni estés todo el día a solas, ni te lo pases buscando compasión cada minuto. Reúnete con personas optimistas, de confianza, con las que te sientas bien. Pero procura no hablar de tu situación, sólo haría que te estancaras en el bucle y que cansaras a todos los que te escucharan. Habla de ti, no de tu ex-pareja.

Sería ideal que preparases una lista de personas con las que poder quedar para no llamar siempre a la misma.

  1. Aún así habrá momentos en los que no puedas evitar pensar en el pasado, no te culpes por ello, por el contrario, utiliza esos momentos para aprender de él:

– ¿Qué puedo hacer mejor a partir de ahora?

– ¿Qué hice que volvería a hacer?

– ¿Qué de lo que hice no volvería a hacer?

– ¿Qué límites no puse que debería haber puesto?

– ¿Qué quiero cambiar?

  1. A medida que te vayas sintiendo mejor contigo mismo@, vuelve a responder a estas preguntas, quizás en la distancia cambien algunas respuestas.
  2. Es el momento de definir, claramente, algunas cosas. Coge papel y boli e intenta explicar, breve pero precisamente, qué es el amor para ti. Ten en cuenta que no es para todos lo mismo. ¿Qué entiendes tú por amor?
  3. Trata de profundizar un poco más. Describe a tu pareja ideal a todos los niveles: física, profesional, emocional, políticamente, incluso, si eso es importante para ti. Concéntrate en lo que consideras imprescindible e innegociable.

Marca todas aquellas características que son tuyas. ¿Has oído eso de que mejor que encontrar a tu media naranja es ser una naranja completa y unirte a otra también completa? Pues toma todas esas características de la lista en las que no coincides con tu pareja ideal y conviértete tú, un poco más cada día, en esa persona.

  1. Ábrete a la vida, conoce gente nueva, sé receptiv@, optimista. No te cierres a coger rosas por miedo a las espinas, pero tampoco cedas a los caprichos de nadie, no eres un juguete, ni eres madre universal, ni una ONG rodante.
  2. Y como dice un amigo mío, cuando encuentres a alguien que despierte tu interés, pídele que te defina qué es para él/ella el amor. Si no coincide en un 90% con tu definición de amor, ni lo intentes.
  3. Y cuando, por fin, quieras dar a alguien la oportunidad de conocerte y conocerle, empieza de cero, sin mochilas, sin pasado. Es una persona nueva y tú también. Toma tu lista de requisitos innegociables y no renuncies ni a uno solo.

Tal vez no haya príncipes, ni princesas, pero el amor es uno de los más bellos e importantes aprendizajes de la vida. Sé un buen alumno@.

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