CUANDO ORGANIZARSE SE ESCRIBE CON «O» DE ODISEA

CUANDO ORGANIZARSE SE ESCRIBE CON «O» DE ODISEA

Dicen que habitamos un universo en expansión acelerada, quizás por eso nos movemos a una velocidad vertiginosa, llenando nuestro día a día de actividades y tareas sin tregua.

También dicen que es mejor estar ocupado que preocupado, aunque a menudo un exceso de ocupaciones se convierte en un motivo de preocupaciones.

Queremos o necesitamos hacer tantas cosas, que no sabemos cómo organizar nuestra agenda, ni nuestra vida, y vamos llenándola de una manera caótica, hasta llegar a sentirnos asfixiados por obligaciones autoimpuestas y carentes de sentido.

 

Quizás seas tú una de esas personas que creen tener dificultades a la hora de organizarse.

¿Quieres llegar a todo, pero sientes que no llegas ni a la mitad?

¿Te distraes con frecuencia y prestar atención a conversaciones, recordar cosas importantes o mantenerte en tus planes te resulta complicado?

¿No sabes decir “no” a propuestas inesperadas, peticiones urgentes o llamadas de auxilio de cualquiera? 

¿Tienes una meta, pero te desmotivas con facilidad y pierdes el norte en un bosque de excusas?

Entonces, sí. Puede que sí seas tú una de esas personas.

 

En ese caso, prueba a responderte a estas preguntas:

¿Qué tratas de demostrarte a ti mismo y/o a los demás?

¿Cuáles son tus distractores o “ladrones de tiempo”? ¿Qué te aporta cada uno de ellos?

¿Qué necesidad te hace complacer a los demás?

¿Qué importancia tiene para ti tu objetivo del 0 al 10? ¿En qué va a mejorar tu vida cuando lo consigas? ¿Qué aspectos de tu persona, de tu ser, están implicados en ese objetivo?

 

La buena noticia es que aún estás a tiempo de poner en orden ese “cajón de sastre” que parece a veces tu día a día.

Tal vez podrías empezar a priorizar tareas y a delegar otras. No todo hay que hacerlo hoy, no todo es importante y no todo tienes que hacerlo tú. Quizás haya una escala de prioridades en tu agenda y personas que pueden hacerlo como tú o mejor. No tengas problema en reconocerlo.

 

Planifica de una forma realista y ajústate a lo planificado, sé firme y responsable contigo y tus necesidades.

 

Da valor a tu tiempo, a tu espacio, a tus preferencias y a ti mismo. Piensa que para ti has de ser lo más importante y que no tienes el deber de satisfacer las demandas de todo el que se cruza en tu camino hoy.

 

Ten claros tus objetivos, que se ajusten a lo que, de verdad, buscas y deseas en tu vida. Que tus metas se encuentren alineadas con tu manera de ser  y con tus valores.

 

Y mientras vas implementando estos cambios en tu vida, te ofrezco pequeñas pautas de organización que te acercarán un poco más :

  • Recuerda cada día al levantarte declarar cuál es tu objetivo.
  • Pon una alerta en tu móvil cada hora que te pregunte: ¿estás enfocad@?
  • Selecciona tus actividades y eso a lo que le vas a entregar tu tiempo. Establece concretamente cuánto al día o a la semana y márcalo en tu agenda de Google con recordatorio.
  • Comunica a esas personas que te importan aquello que quieres conseguir y lo que vas a necesitar de ellos en tu camino a la meta.
  • Planifica todo lo que puedas y hazte el firme propósito de no salirte de ahí. Prémiate por cada día que cumplas tu planificación con algo que te guste por pequeño que sea, tu mente necesita recompensas.
  • Marca unos mínimos y unos máximos diarios o semanales y considera esos mínimos una obligación ineludible.
  • Y ante todo, sé realista, pero determinado.

 

Y si, aún así, no logras organizarte de una manera efectiva, puedes solicitarme una consulta telefónica personalizada y gratuita de 20 minutos. Estaré encantada de ayudarte a alcanzar tus metas.

ENFRENTA EL MIEDO

ENFRENTA EL MIEDO

Tod@s hemos sentido miedo, al menos una vez en la vida. Hemos sentido esa sensación intensa y paralizante unas veces y de huida otras.

Pero ¿qué es, realmente, el miedo?

El miedo es una emoción primaria, presente en todos los animales y relacionada con la ansiedad. Una emoción, como todas las emociones, adaptativa frente a la percepción de un peligro real o imaginario, presente, futuro o pasado. Y como todas las emociones primarias, beneficiosa y necesaria para la supervivencia. Sin el miedo podríamos enfrentarnos a peligros reales sin medir las consecuencias.

Existen los miedos universales: físicos, como el miedo a los ruidos fuertes y repentinos, como los de las explosiones, a las alturas. O emocionales, como el miedo al abandono, al ridículo o a lo desconocido, a la muerte.

El miedo tiene unos efectos en nuestro cuerpo y en nuestro comportamiento.

El miedo produce cambios fisiológicos: ante la percepción de un peligro se acelera el metabolismo, se incrementa la producción de cortisol, con lo que también lo hacen la presión arterial, la glucosa en sangre y los glóbulos blancos, aumenta la tensión muscular, el calcio libre en sangre y la adrenalina. Disminuye la actividad en el estómago e intestinos, se intensifica la producción de lágrimas y saliva, se da una visión en túnel y se reduce la audición.

Cuando sentimos miedo se producen, también, cambios corporales: los ojos se abren para ampliar el campo visual y tener mayor sensibilidad para ver la amenaza con mayor claridad, con lo que cambia la expresión facial.

Vemos alterada nuestra percepción, convirtiendo el objeto de nuestro miedo en algo más grande de lo que es y más próximo de lo que está. Cuanto más se acerca el objeto, más potente es la distorsión.

El miedo ha sido utilizado a lo largo de la historia para manipular y controlar y, aún hoy, sigue siendo así.

Nuestro mundo, nuestro entorno, ha ido evolucionando mucho más rápido que nuestra mente y nuestras emociones. Con lo cual, podemos llegar a percibir ciertas sensaciones corporales inofensivas como amenazas que no son tales. Esto se da de una manera exagerada e irracional en los ataques de pánico que sufren algunas personas.

¿Qué podemos hacer, entonces, ante el miedo? ¿Cómo impedir ser controlad@s por el miedo?

  1. El primer paso es aceptar que tienes miedo. No trates de negarlo, ni ocultarlo.

  2. Observa tu miedo sin juicios: qué ocurre en tu cuerpo, cuándo ocurre, qué piensas entonces, qué te dice tu miedo. Concreta a qué tienes miedo.

  3. Pregúntate: ¿ese miedo es real?, ¿es real el riesgo? ¿qué es lo peor que puede ocurrir? ¿qué probabilidad hay de que ocurra? (valora esa probabilidad del 0 al 10) ¿qué efectos puede tener? (valora el daño del 0 al 10). Multiplica la probabilidad por el posible daño, te dará el verdadero valor del riesgo.

  4. Sigue preguntándote: ¿qué puedo hacer para reducir la probabilidad de que ocurra? ¿qué puedo hacer para minimizar el daño? Multiplica nuevamente. Si el nuevo valor se ha reducido a 50 o menos, hazlo, atrévete.

  5. Si el nuevo valor es mayor de 50, pregúntate ¿qué beneficio puedo obtener de hacerlo, aunque sea con miedo? Dale un valor para ti al beneficio del 0 al 10. Multiplica la probabilidad de que ocurra por el beneficio.

  6. Ahora compara el valor del riesgo con el valor del beneficio. ¿Cuál es mayor? Si es mayor el beneficio, hazlo, atrévete.

  7. Visualiza el momento en el que lo estás haciendo y todo va bien. Concéntrate en lo que sientes, fíjate bien dónde lo sientes, cómo es eso que sientes, qué piensas en ese momento, qué oyes, qué ves, qué es lo que más llama tu atención. Vas a llevarte un regalo de este momento, cualquier cosa, sonido, sensación que quieras llevarte de aquí. Va a ser lo que te va a acompañar en tu camino al éxito, como un anclaje. Tu salvavidas en los momentos de tempestad.

  8. Cada vez que te asalte la ansiedad o el temor, concéntrate en tu respiración y en el anclaje. Verás reducir sus niveles y te ayudará a conectar con tu objetivo y el presente.

Y este puede ser tu método para superar y vencer al miedo.

Como dijo Alejandro Jodorowsky, “tu miedo termina cuando tu mente se da cuenta de que es ella la que crea ese miedo”.

Y ahora haz que tu mente cree el camino, no el fantasma.

Si quieres profundizar algo más te recomiendo el micro taller «Superar el miedo»

Micro taller Superar el Miedo
SUPÉRATE EN CINCO PASOS

SUPÉRATE EN CINCO PASOS

En los últimos años se oye hablar mucho del desarrollo personal, también llamado crecimiento personal, desarrollo humano, superación personal…

A todos nos gusta superarnos, pero la mayoría de las veces lo hacemos tomando a otros como referencia, es decir, haciendo eso mismo que nos enseñaron a hacer desde nuestra más temprana infancia.

Con lo cual, no entramos en un proceso gratificante de descubrimiento, mejora y satisfacción personal, sino en una lucha competitiva y dolorosa por ser más y mejor que otro. Es como si en medio de una carrera en lugar de tener tu mirada en la meta o en el siguiente tramo de la pista, la tuvieras puesta en el que corre por delante de ti, al lado o, incluso, por detrás. Como si, en vez de estar dosificando tu esfuerzo, estuvieras esperando la mueca de sufrimiento del oponente o deseando ver aumentar sus pulsaciones al límite. Y no es extraño si consideramos que en nuestros primeros años nos midieron por notas, nos valoraron por objetivos y nos enseñaron a golpe de temario curricular y siempre bajo la impronta del “sois la peor clase”, “si te esforzaras como tus compañer@s…”, “pues a tu amig@ sí le da la nota para estudiar ingeniería” y otras frases lapidarias y lapidadoras.

Y así has llegado aquí, con tus excesos y tus defectos… ¿con respecto a qué?

Si, como yo, crees que no se trata de competir contra otr@s, sino de competir a favor de ti mism@ este artículo está pensado para ti. Y está pensado para ti porque se trata de un programa para superarte en cinco sencillos pasos, que no por sencillos serán fáciles ni rápidos.

¿Te apuntas al reto?

Paso 1. Hacerte plenamente consciente de tu lenguaje.

Se trata de estar especialmente atent@ a tus palabras. Cada vez que digas algo importante o trascendental, algo que tenga un valor para ti o para los demás, reflexiona lo siguiente: ¿para qué lo dices? ¿con qué intención lo dices? ¿qué efecto pretendes conseguir en el/la de enfrente? ¿puedes conseguir el mismo efecto con otras palabras?. Puede parecerte algo forzado o excesivo, pero a medida que lo practiques aprenderás aspectos muy interesantes sobre ti y sobre tus necesidades y creencias.

Paso 2. No hablar de otras personas con respecto a ti, sino de ti con respecto a ellas.

De esta manera estamos manteniendo toda nuestra responsabilidad y poder sobre lo que pensamos, sentimos, decimos o hacemos. No se trata de lo que los demás nos hacen, sino de cómo interpretamos y vivimos lo que los demás hacen. Por ejemplo, ante la frase “Carlos siempre llega tarde”, puedo reformularla como “Me molesta que Carlos llegue tarde porque lo interpreto como una falta de respeto hacia mi persona” e, incluso, puedo profundizar algo más en mí mism@ “Dado que yo no me respeto lo suficiente, siento que dependo del respeto que me dan los demás, por eso me molesta cuando Carlos llega tarde y no me siento respetada por él”. Y de aquí puedo ir más allá, llegando a tomar una iniciativa de cambio “Quiero empezar a respetarme más, así que le voy a decir a Carlos que la próxima vez que llegue tarde, tendrá que venir a buscarme porque yo no le voy a esperar más”. Como puedes ver, un simple cambio de posición puede darte un margen de libertad para encontrar soluciones y salidas hasta ahora insospechadas para ti.

Paso 3. Comenzar a percibir las situaciones desde un nivel puramente descriptivo, sin suposiciones, ni juicios.

Y te preguntarás en qué consiste la diferencia entre los tres. Pues bien, un juicio sería una frase del tipo “eres un mentiroso”. Una suposición sería algo así como “esto que me estás contando es una mentira como la del otro día”. Mientras que una afirmación meramente descriptiva sería “desde mi punto de vista no me estás proporcionando los suficientes datos como para creer que me dices la verdad”. Adoptar una visión descriptiva u objetiva de los acontecimientos y las personas te enseñará a desdramatizar y relativizar de una manera inteligente y a dejar de reforzar creencias limitadoras.

Paso 4. Analizar aquello que me molesta en los demás reflexionando sobre dónde está eso mismo en mí, bien sea por exceso o por defecto.

Los demás son un mero espejo de nosotr@s mism@s. Por ejemplo: «me molesta que mi pareja no pase más tiempo conmigo y se dedique a otras cosas, como quedar con amigos o salir a correr». Si reflexiono y profundizo en mí, me daré cuenta de que yo priorizo totalmente a mi pareja y me olvido o prescindo de todo lo demás. No reservo tiempo para mí mism@, ni mis aficiones o relaciones. Dependo en exceso de mi pareja, por eso me molesta que ella no dependa de mí. Esta práctica es una buena manera de conocerte a través de las relaciones interpersonales

Paso 5. Tratar de realizar un cambio de perspectiva, es decir, buscar, al menos, otra explicación posible a cada hecho o situación.

Por ejemplo, imagínate la situación siguiente: El otro día comentaste con María que te apetecía ir un día de estos al cine, habéis quedado hoy y, de repente, ha aparecido con su amiga Marta que sabe que te cae fatal. A ti te dan ganas de marcharte y dejarla con su amiga. Sin embargo, cabe una explicación diferente al mismo hecho: tu amiga María se ha visto en el compromiso de quedar con Marta y no se ha atrevido a decirte nada para no fastidiar tus planes. E, incluso, hay otra explicación posible: tu amiga María se ha encontrado cuando iba al cine con Marta y ésta se ha unido al plan sin que María haya sabido evitarlo. Y aún hay otra explicación: María no sabe que Marta te desagrade tanto como para no poder ni ir al cine con ella. Seguramente, habría muchas más explicaciones posibles. Esta búsqueda de explicaciones alternativas a un mismo hecho ampliará tu campo de visión y te hará una persona más abierta a las posibilidades y con más recursos.

Estos cinco sencillos pasos que parecen tan obvios, pueden ser grandes herramientas de desarrollo personal si las pones en práctica.

¿Aceptas el reto?

Si quieres profundizar algo más te recomiendo el microtaller «¿Crítica u Opinión?»

¿Crítica u Opinión?
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